La factura de Bosnia será inminente si Annán duda

Nir Boms, 19 de julio de 2012 a las 19:08

Se cumple este mes el 20 aniversario del inicio de las hostilidades de la Guerra de Bosnia. Mientras las fuerzas del régimen machacan la ciudad de Homs utilizando artillería pesada con vistas a la visita del equipo de observadores de las Naciones Unidas, no puedo evitar una rara sensación de que la historia se repite.

En la Guerra de Bosnia hubo más de 100.000 muertos (200.000 según algunos cálculos), civiles en su mayor parte, antes de que los efectivos de la OTAN pudieran ponerle fin. En Siria, el “más modesto” de los recuentos habla de “solamente” 11.000, pero como hemos aprendido de Bosnia, al fondo siempre queda espacio para más.

Las lecciones aprendidas en Bosnia son tristemente relevantes y amenazantes

Primera lección: Rusia. La mayoría del armamento de la Guerra de Bosnia era, como era de esperar, de origen ruso. Efectivos regulares voluntarios rusos también ayudaron activamente a los serbios.

Si bien Rusia cooperaba oficialmente con los aliados, el mando del contingente ruso en la fuerza de las Naciones Unidas, el General de Brigada Aleksandr Perelyakin, ayudaba activamente a introducir armamento de contrabando destinado a los serbios. Perelyakin, expulsado eventualmente por la ONU, se convirtió en asesor del responsable militar de una división serbia en la autoproclamada Republika Srpska Krajina de Croacia. Tras la guerra, Rusia dio asilo a varios serbobosnios buscados por atrocidades y crímenes de guerra, masacre de Srebrenica incluida.

Segunda lección: las Naciones Unidas. En julio de 1995, alrededor de 8.000 adultos y chavales bosnios varones eran asesinados en una zona segura de las Naciones Unidas dentro del municipio bosnio de Srebrenica. Las Naciones Unidas dudaron a la hora de responder mientras los acontecimientos se desarrollaban, hasta cuando su propio cuartel general en Srebrenica fue bombardeado.

En un episodio barroco, el coronel Thom Karremans, responsable de las tropas holandesas en la fuerza de las Naciones Unidas, pidió apoyo aéreo urgente y fue informado de que su petición no podía ser autorizada porque se había solicitado utilizando la instancia equivocada. Hizo falta otra jornada para encontrar la instancia correcta antes de que el coronel Karremans pudiera garantizar la retirada segura de sus efectivos, dejando al General Ratko Mladic con los bosnios a los que empezó a reunir para asesinar bajo la mirada atenta de la fuerza de pacificación de las Naciones Unidas.

A propósito, Kofi Annán, entonces Subsecretario General de las Naciones Unidas, estaba negociando otro alto el fuego.

El Ministro de Exteriores sirio Walid Muallem, que la pasada semana se encontraba casualmente de visita en Rusia, aprovechaba su escala para afirmar que Damasco ha empezado a implantar el plan de paz de las Naciones Unidas sin pausa. El plan de seis puntos de Annán, negociado por el enviado de la Liga Árabe en las Naciones Unidas, concede a Siria 10 jornadas para retirarse de los cascos urbanos y detener toda violencia. Desde la implantación de la “retirada de alto el fuego” por parte de Siria, más de 1.200 sirios se han unido al recuento de muertos. Rusia se apresuraba a elogiar el avance.

Taftanaz, un pequeño municipio de 15.000 habitantes al norte de Siria, es uno de los muchos enclaves en donde la oposición se hacía fuerte. El ejército sirio entraba el pasado martes para cambiar eso. Testigos presenciales hablan de detenidos ejecutados de forma sumaria y de cadáveres ardiendo en las calles. “En todo mi barrio, solamente queda intacto un domicilio”, dice Razzán, un superviviente; “Taftanaz ya no existe”.

Otro superviviente informa que los soldados irrumpieron en el domicilio de Mahmoud Gazal, presunto rebelde, y utilizando armas blancas mataron a Gazal, a su mujer y a sus cuatro hijos de dos, cinco, seis y ocho años de edad. Una fotografía de la ciudad muestra una pintada, dejada al parecer por el ejército, que reza “Assad o el país arderá”. Aparece firmada por “La Brigada Letal Assad 76” – triste recordatorio de lo que les sucede a los que se atreven a desafiar al caballero que lleva las riendas. No será Srebrenica aún… pero se le parece cada vez más.

Durante la guerra bosnia, Kofi Annán, Subsecretario de la ONU por entonces, fue elegido Representante Especial en la Antigua Yugoslavia, con la tarea de llevar la paz a la región castigada por la guerra. En esa misión fracasó, pero como testimonio de sus logros fue ascendido aun así a Secretario General de la ONU.

Puede que dos décadas después sepa al menos la instancia que hay que rellenar para poner en marcha a la comunidad internacional. Para triunfar, Annán, que visita Irán de nuevo esta semana, tiene que negociar algo más que otro alto el fuego roto. Tendrá que permanecer firme para asegurarse de que la pintada de la Brigada 76 deja de aparecer. De lo contrario, la actual trayectoria elevará el recuento de cadáveres a los niveles de Bosnia antes de que alguien más coja las riendas.

Nir Boms es ex vicepresidente de la Fundación para la Defensa de las Democracias y cofundador de CyberDissidensts.org.

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