La lógica de un complot

ElDiarioExterior

Cuando se conoció la noticia del complot iraní para asesinar al embajador saudí en Estados Unidos Adel al-Jubeir, muchos reaccionaron con escepticismo. Para algunos observadores occidentales, el hecho de que un régimen islámico cooperase con traficantes mexicanos de drogas, y la naturaleza aparentemente torpe de la operación entera, arrojan dudas sobre la validez de las denuncias de la administración Obama.   

En medio del intenso debate en torno a las intenciones iraníes y teniendo en cuenta los anteriores fracasos estrepitosos de la Inteligencia estadounidense y las negativas iraníes, esta conclusión puede parecer inevitable. ¿Pero lo es?

Irán está ubicado en uno de los corredores de circulación del opio más importantes, entre los productores de Afganistán y los consumidores de Europa y más allá. La Agencia de la Droga y la Delincuencia de las Naciones Unidas calcula que casi el 60% del opio de Afganistán atraviesa de contrabando la frontera de Irán, y una porción importante es decomisada por el gobierno iraní.

Poco después de la Revolución Islámica de 1979, con las bendiciones del ayatolá Jomeini, se inventó la “Oficina de Libertad de Movimientos”. Bajo la dirección del hijo del ayatolá Montazeri, Mohammed, y su cuñado el clérigo Mehdi Hashemi, el principal objetivo de la instancia era apoyar a los grupos aliados en el extranjero.

Desde los primeros días de esta oficina, cuyos miembros trabajan estrechamente con el Ministerio de Inteligencia de Irán, la instancia tiró del tráfico de drogas para financiar operaciones. En el conocido episodio de 1980, Mohammed Montazeri fue detenido en el Aeropuerto de Teherán y su avión privado fue confiscado por el gobierno entonces moderado de Mehdi Bazargán. Las autoridades nunca revelaron el contenido de la bodega del aparato, aparte de afirmar que estaba lleno de productos introducidos de contrabando que iban destinados a Libia.

La vida de Montazeri acabo de forma súbita en una operación explosiva orquestada por el grupo antigubernamental de los Mujahedín Jalgh (MKO) y Hashemi fue ejecutado por el régimen tras levantar la liebre de la visita a Irán del asesor de seguridad nacional del Presidente Ronald Reagan Robert McFarlane, que conduciría al descubrimiento del escándalo Irán-Contra.

Sin embargo, otros integrantes de la Oficina de Libertad de Movimientos sobrevivieron y pasaron al Ministerio de Inteligencia, jugando un papel clave a la hora de desarrollar las unidades de intervención exterior del Cuerpo de la Guardia Islámica Revolucionaria, unidades que se transformarían gradualmente en el brazo Al Quds. La principal misión del Al-Quds era facilitar los movimientos islámicos en el extranjero, grupos palestinos y chiítas del Líbano en particular.

El tráfico y el contrabando de estupefacientes siguió siendo el método predilecto de financiación de las operaciones de la unidad Al Quds, y por buenas razones: se garantizaba el flujo constante de dinero a partir de la oferta interminable en apariencia de la droga de Afganistán; se obtenía cierta dosis de independencia del gobierno iraní y de su inevitable burocracia. Y lo más importante, brindaba al régimen una vía conveniente para negar el asunto, pudiendo siempre levantar un dedo acusador a elementos insurgentes o a traficantes de drogas.

La implicación estrecha de la unidad Al-Quds con el tráfico de estupefacientes se rumoreó desde el principio, pero el primer periodista iraní que habló de ello públicamente fue Ahmed Zeidabadi, del Ettela’at.  Zeibadi firmó un artículo que implicaba al responsable en funciones del Ministerio de Inteligencia de Irán, Said Imami, en el uso de fondos procedentes del tráfico de drogas para financiar operaciones en el extranjero. Imami fue detenido al momento y la versión oficial es que se suicidó estando bajo custodia.

Es un hecho demostrado que la unidad Al-Quds creó al Hezbolá libanés, y que Hezbolá viene dirigiendo operaciones de estupefacientes muy sofisticadas en Sudamérica, en la frontera de los tres estados en particular. Las actividades de Hezbolá en Sudamérica fueron relatadas en los medios y en el Congreso estadounidense. El argumento que apunta que los contactos con traficantes de la droga son totalmente incompatibles con el carácter del régimen islámico simplemente no se sostiene.

El otro argumento — el que dice que esta operación parece ser demasiado improvisada y que no es propia de las operaciones del régimen islámico — también suspende el escrutinio. Aunque es cierto que el régimen islámico de Irán ha llevado a cabo con éxito un centenar de asesinatos selectivos de su oposición en el extranjero, el rastreo de sus agentes a nivel operativo dista de ser eficaz.

Desde el atentado de las Torres Jobar en Arabia Saudí al atentado de la mutua AMIA en Argentina, pasando por los asesinatos de disidentes como el doctor Shahpour Bajtiar, primer ministro del difunto Sha, hay pruebas de sobra que apuntan directamente a Irán. Según el antiguo director del FBI Louis Freeh, las pruebas contra Irán son tan incontestables que el Presidente del régimen islámico, Hashemi Rafsanjani, habría admitido ante el Rey Abdalá, príncipe heredero saudí por entonces, que los atentados del complejo Jobar se perpetraron y planearon con total conocimiento del Líder Supremo Alí Jamenei.

Las investigaciones del atentado de 1994 contra la mutua AMIA, un centro comunitario de Argentina, conducen directamente a Imad Fayez Mughniyah, miembro de alto rango del Hezbolá libanés, y a cinco altos funcionarios del régimen islámico, siendo uno de ellos el actual titular de la cartera de Defensa y responsable en aquella época de la unidad Al-Quds Ahmed Vahidi.

El alcance y la catastrófica influencia de Irán es muy superior al del prisma relativamente limitado del reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica acerca de la carrera iraní para hacerse con la bomba. Puesto que las acciones dicen más que las palabras, hasta un examen superficial de los acontecimientos puede servir de recordatorio del motivo de que el mundo tenga que hacer más para limitar la actual capacidad del régimen iraní. La alianza entre Irán, los grupos terroristas afines, el tráfico de estupefacientes y los fanáticos religiosos está ya asentada y es funcional, hasta sin capacidad nuclear. El reciente complot de asesinato constituye otro grave recordatorio de que hay que detener a esta alianza.

* Nir Boms es miembro del Instituto del Contraterrorismo y exvicepresidente de la Fundación para la Defensa de las Democracias.

* Shayan Arya es activista iraní y miembro del Partido Constitucionalista de Irán.


 

Nir Boms-Shayan Arya *

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