Afrontando presiones adicionales en casa y en el extranjero, la agenda del presidente de Bashar Assad, presidente de Siria, está particularmente llena estos días. Hay mucho que hacer y el momento lo es todo. La sincronización, sin embargo, no parece funcionar.
Por ejemplo, Assad había planeado encabezar la delegación de su país a la cumbre de Naciones Unidas el mes pasado. Mientras la inquietud crecía en Damasco, Assad se podría haber beneficiado de una visita que estaba diseñada para aliviar el aislamiento internacional de Siria y mostrar al presidente de 40 años de edad como un joven gobernante reformista árabe. Pero la sincronización no funciona. Tras las señales poco receptivas procedentes de Washington y el creciente desasosiego en casa, Assad se vio obligado a permanecer al margen. Continue reading


